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Consejos a un joven que busca |
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“Amor sin medida, te abrazaré y jamás me soltaré.
Viviré y moriré fundido a Ti,
y
ni la vida ni la muerte me arrancarán de Ti.
La
fuerza de tu cruz quebranta mi dureza, pues por mí
también hiciste lo que hiciste por la salud de
todos.
Me
pregunto quién fue tan poderoso que te movió a morir
ajusticiado, y no encuentro más causa que el amor.
Por
eso yo te elijo como mi único dueño”. AMEN.
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San Alfonso
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por
Mamerto Menapace,
publicado en Madera Verde,
Editorial Patria Grande.
"Vos tenés que soportar los
sufrimientos como un buen combatiente de Jesucristo. Ningún
combatiente en servicio activo se enreda en los asuntos de
la vida civil, porque tiene que estar completamente a las
órdenes de su comandante. De la misma manera, el deportista
no puede ganar si no respeta las reglas del juego. El que
trabaja la tierra tiene derecho a ser el primero que goza la
cosecha. Pensá en todo esto que te digo, y que el Señor te
ayude a comprender el resto".
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(San Pablo
a Timoteo, II; cap. 2, 3-7)
Eso es justamente lo difícil, mi amigo: comprender el resto.
Por eso quisiera contarte algunas cosas que la vida me fue
obligando a reflexionar. Créeme, también yo, como vos quiero
ser fiel tratando de portarme como un combatiente
comprometido, respetando las reglas del juego y buscando el
sentido de mi oficio de labrador, que me dará derecho un día
a gozar de la cosecha.
Hay algo por dentro que te empuja y te mantiene tenso. Algo
que busca, como arroyito, el mar, y se la pasa golpeando
contra las barrancas que lo embretan.
Cuando pensás: es por aquí, te topás con un No. Tal vez ese
sea el por qué del canto de los arroyitos que los cerros
obligan a buscar los valles. También vos tenés que buscar
porfiadamente un lenguaje para tu pueblo, que haga posible
que tu mensaje llegue hasta él. Querés llevar el agua limpia
de las cumbres de tus ideales hasta el mar. Querés conocer
de antemano el curso que te lleva hasta allá. Y eso no se
puede dar. Porque el curso sólo estará hecho al final y será
el resultado de todas las soluciones parciales y provisorias
que habrás encontrado a los obstáculos que te embretan.
A medida que vayas dejando las cumbres regaladoras de
horizontes infinitos y te vayas acercando al llano, te darás
cuenta de que al mar no se puede llegar solo. Sería muy
épico eso de que el arroyito bajara saltando desde las
cumbres y se precipitara en cascada sobre el mar endulzando
toda su agua. Epico, romántico e inútil. Porque es
imposible. El día que el arroyito se encuentra con el mar se
dará cuenta de su infinita pobreza al constatar que todo lo
que tiene, desde el caudal de su agua hasta el movimiento de
su búsqueda, le fueron regalados previamente por el mismo
mar.
Entonces quizá comprendas que su tu ser de arroyo es
simplemente un camino de respuesta entre los ideales y la
realidad, ente las cumbres y el mar; pero que tendrás que
realizarlo humildemente sobre la tierra. Que el caudal de
tus aguas, que vos creías novedoso para el mar, ya de alguna
manera había recorrido el camino inverso en forma de nube
empujada por el viento. Ningún arroyo crea sus propias
aguas, sino que las recibe de las lluvias, o del deshielo.
Lo que aportaras a tu pueblo, en realidad ya lo has recibido
de él. El diálogo entre los ideales y la realidad, es mucho
más antiguo que tu historia personal.
Otra verdad que quizá el llanto te enseñe; si es que estás
dispuesto a escucharlo; es lo que ya te dije: que al mar no
se puede llegar solo. Hacia allá también avanzan las aguas
de mil vertientes y la greda de mil litorales. Aunando
direcciones y aportando cada una su caudal, se forma el gran
río de la historia. Los obstáculos que cada arroyito
encuentra en su curso hacen que al final los cursos se
encuentren y formen la gran corriente única.
A lo mejor tu arroyito sufrirá la sensación de haber perdido
su identidad de torrente cordillerano, trotador y
bullanguero, pero participarás de la pausada constancia de
los grandes ríos litoraleños que abrevan pueblos y comunican
ciudades. Ya no sentirás esa espontánea libertad de esquivar
las piedras y cantar al viento, pero sabrás que es tuya la
poderosa marcha lenta del gran río que reúne todas las aguas
de una cuenca, camino al mar.
Al ingresar a tu pueblo no lo cambiarás, ni tampoco habrá
dejado de tener sentido tu existencia propia. Seguirás
viviendo en la gran unidad de aquello que te había regalado
tu propio caudal, y que gracias a tu aporte podrá seguir
preñando nubes que el viento arreará nuevamente hacia las
cumbres para continuar pariendo desde allí nuevos arroyitos.
Puede ser que entonces tu viejo curso seco sirva en parte
para que los nuevos arroyitos encuentren también su camino
hacia el mar.
Pero las gredas y las sales que en tu curso, hayas sabido
arrancar a la tierra, serán guardadas por el mar. Serán tu
aporte personal, único e irrepetible. Luego de tu encuentro
con el mar de tu pueblo, éste habrá quedado más o menos
enriquecido, según haya sido la profundidad de tu diálogo
con la tierra en el tiempo de tu curso.
Cuando todo sea todo en todos, lo tuyo será para todos, y lo
de todos será para vos.
Mientras tanto tendrás que ser fiel a tu compromiso de
combatiente, respetando las leyes de juego, para poder gozar
un día en plenitud de la cosecha.
Pequeño Poema
Río y Nube, son los dos
agüita del mismo estero;
uno busca por los bajos,
la otra vuela por los cielos.
El Río brama en el surco
y va embarrando su cuerpo,
la otra da el pecho al aire
y su camino es el vuelo.
Cuando lleguen a la mar...
... las dos serán: Mar y Cielo.
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