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Sólo mencionaremos algunos recursos más
sobresalientes:
Los signos:
Se apela mucho al lenguaje simbólico. Todos los
temas son ilustrados con algún signo (por ejemplo:
la bendición de las manos y herramientas el día en
que se trata el tema del trabajo, amasar un pan el
día que se habla de la comunidad, la procesión el
día en que se celebra a la Virgen, etc.) Muchas
veces se pide que la misma gente traiga de su casa
algún signo para el día siguiente (por ejemplo una
cruz hecha por ellos mismos, una foto, la llave de
la casa, etc.); es un modo de prepararse durante el
día para la celebración. Otras veces, el signo
consiste en llevarse algo de la celebración a la
casa (pan bendecido, una tarjetita, semillas, etc.),
y de ese modo se trata de incluir a los familiares
que no van a la misión. En todos los casos, con el
uso de los distintos signos se busca apelar a una
forma de lenguaje que sea, por un lado, fácilmente
comprensible, pero que además remita a una profunda
experiencia humana y religiosa.
El lugar:
Los encuentros misioneros
suelen hacerse fuera de la sede parroquial o de la
capilla, en algún salón, club, escuela, plaza, o
cualquier otro lugar apropiado. Con esto se busca
significar el dinamismo misionero de la Iglesia que
“sale” al encuentro del hombre allí donde él está.
Pero además, resulta ser una buena estrategia para
captar a aquellas personas que por distintas razones
tiene prejuicios de entrar en una iglesia (jóvenes,
varones, parejas en situación “irregular”, etc.).
El escenario:
El centro misionero se adorna con ornamentos propios
de una fiesta, para simbolizar que se trata de un
tiempo especial, de alegría y de celebración, porque
el Señor nos ha salvado y nos ha llamado a formar
parte de su familia junto con otros muchos hermanos.
Los cantos:
Durante el tiempo de la misión, se cantan algunos
cantos conocidos de la comunidad, pero se enseñan
otros, para expresar también así la peculiaridad y
novedad que trae la misión; y esta novedad no es
otra que el mismo Jesucristo. En esto, como en otras
cosas, la misión debe ayudar a no quedarse en lo
anecdótico de la novedad, (por ejemplo, la gente que
dice que cuando se van los misioneros, “todo vuelve
a ser rutinario y aburrido”), sino a descubrir en lo
cotidiano la novedad de Cristo, que por cierto
necesita alguna expresión externa. Se entonan cantos
festivos, se acompaña con palmas, y se asumen los
ritmos propios de los distintos lugares. Si miramos
un cancionero actual, nos encontramos con cantos que
hablan de compromiso por el Reino, otros que apelan
a los sentimientos, a la reconciliación, etc.
Las representaciones
(o sktech): Son un recurso muy bueno para captar la
atención de la gente (demasiado acostumbrada a ver
la televisión) y motivar el diálogo sobre algún tema
particular. |