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El
fin de las misiones populares, como de toda acción
misionera de la Iglesia, es “suscitar y formar
comunidades que vivan de acuerdo a la vocación a la
que han sido llamadas”. Esto supone el encuentro
de cada persona con Jesucristo, y la conversión
radical de la vida a la Buena Noticia que ese
encuentro significa como proyecto existencial para
la vida del creyente. Encuentro personal con Dios y
vida fraterna en una comunidad con proyección
misionera, van de la mano y se implican y exigen
mutuamente.
Pero además de este objetivo general, y
a la hora de hacerlo concreto en un lugar y una
situación histórica determinados, cada misión
popular tiene objetivos más específicos que los
misioneros establecen en diálogo con los pastores
del lugar (sea el obispo, el párroco, o los agentes
pastorales en general), y según los intereses y
posibilidades reales de éstos. En general, estos
objetivos suelen ser la “revitalización de la
comunidad parroquial”, o la “descentralización de la
parroquia en pequeñas comunidades”. Puede haber
también otros objetivos aún más específicos, como la
implantación o revitalización de la catequesis
familiar en una capilla, etc.
Ya en la etapa de la preparación de la
misión se debe tener claro el o los objetivos más
específicos, para que las actividades estén, de una
manera u otra, orientados a ese fin. En el caso de
la parroquia, por ejemplo, es muy importante que la
misión tenga un lugar y un sentido dentro del plan
pastoral (o si no lo tiene, al menos dentro del
proyecto pastoral del párroco); y que además estén
dadas las condiciones para que, una vez terminada
la misión y los misioneros vuelvan a sus lugares,
los pastores del lugar puedan acompañar el
crecimiento de lo que suscitó la misión (por
ejemplo, si se crean pequeñas comunidades). Esto es
muy importante para no despertar en la gente
expectativas que después no serán cumplidas, lo que
causa mucho daño y dolor. En este sentido, el
diálogo con el párroco es decisivo (ya San Alfonso
advertía esto con claridad), y actualmente es un
criterio fundamental para aceptar o no un pedido de
misión popular.
Está clara la relación entre encuentro
con Jesucristo y vida comunitaria. Se trata de
ayudar a la pastoral ordinaria, renovando las
comunidades cristianas ya existentes y creando
otras, si se ve necesario y van a ser atendidas
después de la misión. En nuestra provincia
religiosa, se privilegia el modelo de las “pequeñas
comunidades”, pero en cada caso se debe evaluar
seriamente su viabilidad, ya que no siempre se ve
claro cómo hacer para que éstas encajen
armónicamente en estructuras parroquiales ya
armadas, con movimientos, grupos, etc. Distinta
situación se da en lugares con menor (o ninguna)
estructura eclesial.
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