LAS ETAPAS DEL
PROCESO EVANGELIZADOR
 

 

La misión popular no es un “fogonazo”, un “impacto” evangelizador tan deslumbrante como pasajero. La misión es más bien un “proceso”, que requiere de una adecuada preparación  y unas formas concretas de continuidad, de tal manera que signifique un enriquecimiento para  la vida cotidiana de las personas y comunidades. En este proceso misionero, distinguimos claramente tres etapas.

1° Etapa: LA PREPARACIÓN DE LA MISIÓN (o pre-misión)

En esta primera etapa, se remarca de una manera especial la iniciativa de Dios que llama y envía a sus elegidos a proclamar la salvación (Abraham, Moisés, los Profetas). Si tenemos presente la Historia de la Salvación, la pre-misión corresponde al tiempo de la preparación de Israel por parte de Yavhé para recibir su palabra definitiva en Jesucristo. Por eso, la figura paradigmática es la de Juan Bautista, cuya misión es preparar los caminos para la llegada del Salvador. También se suele comparar esta primera etapa con el tiempo de la preparación del terreno que luego recibirá la semilla de la Palabra de Dios.

La pre-misión tiene una importancia decisiva para el buen desarrollo de todo el proceso misionero, y por lo tanto habrá que dedicarle todo el tiempo y esfuerzo que sean necesarios para la consecución de los objetivos de esta etapa, que serían:

a)      Entablar un diálogo suficiente y profundo con el párroco y los agentes pastorales locales, hasta ponerse de acuerdo en los objetivos específicos de la misión, la metodología, etc. Es importante que se de un intercambio abierto, para aclarar todas las dudas que pudiesen suscitarse de ambas partes y llegar a una implicación real, afectiva y efectiva, de los distintos agentes pastorales del lugar.

b)      Alcanzar un conocimiento lo suficientemente profundo de la realidad en sus múltiples dimensiones: social, económica, política, cultural, religiosa, eclesial. Para esto no basta recurrir a encuestas más o menos masivas realizadas por la gente del lugar (con mayor o menor profesionalidad), sino que es muy importante el diálogo directo con la gente, las instituciones civiles, los grupos y movimientos parroquiales, y, si es posible, también con los otros grupos religiosos del lugar.

c)       Procurar la formación necesaria en metodología y espiritualidad misionera a los misioneros laicos del lugar interesados en participar más activamente de la misión.

d)      Motivar y despertar el interés de los vecinos acerca de la misión. Esto se logra mediante la publicidad con pasacalles, espacios radiales o televisivos en los medios locales, pero especialmente con la visita a las casas por parte de los misioneros laicos del lugar. Además de ser un signo de la llamada personal que Dios hace a cada uno de sus hijos, posibilita el diálogo directo con las familias -recibiendo sus inquietudes y espectativas-, que muchas veces desemboca en un momento de oración familiar. Lo ideal sería que durante la pre-misión, las casas fueran visitadas unas tres veces: la primera, avisando de la misión, llevando una carta de invitación del párroco (u obispo) y preguntando si quisieran recibir la imagen de la Virgen (o la Palabra, o la cruz, o el santo patrono del lugar, según convenga) en una próxima visita. Se busca que todos se sientan invitados a la misión, que es de todos y para todos.

e)      Organizar distintos equipos que se encarguen de la cuestiones de infraestructura necesaria para la misión.

f)        Realizar celebraciones en distintos puntos estratégicos del sector que se quiere misionar, comenzando por las zonas más pobres, y luego las más alejadas.

g)      Ya que el Espíritu es quien anima toda acción misionera de la Iglesia, esta primera etapa se caracteriza de un modo especial por una actitud orante, personal y comunitaria, que vaya preparando los corazones de los misioneros y destinatarios para el encuentro con el Señor durante los días de la celebración de la misión.

 

2° Etapa: LA CELEBRACIÓN DE LA MISIÓN

            Es el tiempo “fuerte”, intenso, del proceso misionero. Suele durar entre 12 y 15 días, en los que se proclama con alegría el mensaje de Jesucristo, Palabra de Dios hecha carne, que vivifica, ilumina y transforma la existencia de los hombres, llamándolos a su seguimiento (Jn. 14, 6) mediante la conversión radical de vida en el seno de una comunidad.

            Durante la primera semana se realizan actos masivos en el centro misionero. El acto central es la celebración de la tarde-noche, que es fundamentalmente un anuncio explícito de la Palabra, que se reflexiona y medita en un marco de encuentro profundo con Dios (oración) y con los hermanos. Este anuncio puede darse o no en el marco de la celebración eucarística.; cuando no, se cuenta con una mayor flexibilidad en los recursos usados para desarrollar la temática correspondiente. También se realizan otros actos, que se ordenan de alguna manera a la celebración central, como el rosario de la aurora u oración de la mañana, las celebraciones de bendición de llaves, mates, e imágenes religiosas en las esquinas, los encuentros con jóvenes, niños, mujeres, varones, matrimonios, pequeños cursos bíblicos (“mate con Biblia”), etc.

            En la segunda semana, la celebración de la misión continúa con un cambio de modalidad: la gente se sigue reuniendo, pero ahora en casas de familia; es lo que llamamos “las pequeñas comunidades”. Se trata de reuniones de vecinos que se juntan para dialogar y reflexionar sobre temas de la vida, iluminados por la fe, y tomando como centro la Palabra de Dios. Son pequeños grupos formados por hombres, mujeres, niños, jóvenes, ancianos, coordinados por laicos del lugar que prestan un servicio de animación, para el que previamente se los ha preparado. Las pequeñas comunidades, inspiradas en el testimonio de los primeros cristianos (cfr. Hch 2,42-47) y en las recomendaciones de los obispos latinoamericanos (cfr. DP 640), quieren ser un modo concreto de presencia de la Iglesia en el barrio, en las familias.

            Podríamos sintetizar los objetivos de las Pequeñas Comunidades en los siguientes puntos:

a) Ayudar en el proceso de la renovación parroquial, en su descentralización y formación de comunidades de fe viva.

b) Dar protagonismo a los laicos. Despertar y descubrir carismas dentro del Pueblo de Dios.

c) Acercar la Palabra de Dios al Pueblo. Profundizando y vivenciando la Palabra en Comunidad se puede ir transformando la realidad de acuerdo a los  valores del Reino.

d) Incentivar el espíritu misionero. Las Pequeñas Comunidades son misioneras, surgen de la misión y tienen un compromiso apostólico.

e) Contribuir a la continuación de la Misión Popular.

 

3° Etapa: LA CONTINUACIÓN DE LA MISIÓN (o post-misión)

Es el tiempo de crecimiento y maduración de la Fe, en comunión con los pastores del lugar y los agentes de pastoral. Se intenta profundizar en la Comunidad el encuentro salvador con Jesucristo bajo la guía del Espíritu Santo. Este mismo Espíritu que nos va haciendo hermanos, nos impulsa también a continuar la tarea misionera.

            En lo concreto, son muchos los modos en los que puede plasmarse la post-misión: una renovación de la misión cuando se cumpla el primer año de la primera celebración; formación permanente de los agentes de pastoral; retiros y jornadas de espiritualidad; realización de una semana misionera para jóvenes; y de un modo especial, el acompañamiento de las pequeñas comunidades que decidan continuar reuniéndose una vez por semana o cada quince días. En este sentido, los misioneros redentoristas hemos elaborado material para que los animadores laicos del lugar continúen realizando su servicio a las comunidades. La experiencia nos dice que, a la larga, la continuidad de estas comunidades depende en gran medida (aunque no exclusivamente) del apoyo que tengan de sus pastores ordinarios. De ahí la importancia de acordar desde el vamos (pre-misión) con el párroco la conveniencia de formar estas comunidades, atendiendo a su posibilidad real para acompañarlas y estudiando el modo en que estas comunidades se integren a la organización parroquial ya establecida. Esto último evidentemente no se plantea en lugares donde las comunidades son incipientes y no tienen grandes estructuras (o ninguna).

 

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(Artículo extraído de www.redentoristas.org.ar )