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Buenos Aires, 12 de junio de 2011
Solemnidad de Pentecostés
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“Predicar el Evangelio…
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…implica tener en cuenta el lenguaje y la simbología
popular”
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Queridos Hermanos de la Provincia:
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¡Feliz Pentecostés!
Al
celebrar la Solemnidad de Pentecostés renovamos la conciencia de
saber que el Espíritu Santo quiere seguir obrando a través nuestro.
Nos volvemos a comprometer a ser dóciles a sus mociones y a volcar
todos los dones recibidos en la Evangelización.
Nuestra experiencia misionera nos hace constatar que hoy estamos
viviendo un nuevo “Babel”. Existen variados medios de comunicación,
avances en las distintas ramas de la ciencia y el hombre se cree
capaz hasta de manipular la vida humana. Todo esto que podría
beneficiarnos para una mejor calidad de vida se vuelve en contra
nuestro generando desentendimiento, confusión, aislamiento,
incomunicación, desesperanza y, sobre todo, una deshumanización
creciente.
Muchas veces, sentimos que nuestra predicación no se entiende, no
“llega”, no encuentra eco en los destinatarios ni genera una
profunda conversión vital. Decimos que los jóvenes no entienden
nuestro mensaje o que no sabemos sus códigos pero intuimos que
también muchos adultos no captan nuestro mensaje.
Un matrimonio de nuestra Familia Redentorista que trabaja en un
barrio marginal del gran Buenos Aires recientemente me contaban de
sus desazones y frustraciones después de varios años de trabajo
pastoral. Habían trabajado en la catequesis de confirmación de
adolescentes de ese barrio y en el presente no lograban conseguir
que alguno mostrara interés para prepararse para este sacramento.
Sosteniendo un comedor con mucho esfuerzo no encuentran apoyo en los
mismos beneficiados. Inclusive, hace unos meses un adolescente
drogado les incendió el comedor. Como éste, seguramente, todos
tenemos muchos y variados ejemplos.
La gran tentación sería dejar todo, desistir, resignarnos,
conformarnos con un grupo pequeño y escaparnos del presente desafío.
El Espíritu Santo, en cambio, nos invita a vivir un nuevo
Pentecostés; a renovar nuestro compromiso misionero evangelizador en
favor de los más pobres y abandonados. Él nos impulsa a que todos
“entiendan” la Buena Noticia de Jesús.
Esto implicará ser dóciles al Espíritu y a tener más en cuenta el
lenguaje de nuestro pueblo. Nuestros hermanos en Mozambique tienen
que aprender el portugués y los idiomas propios del lugar para
comunicarse. Creo que, también nosotros, tendríamos que dedicarnos
con diligencia a aprender la simbología y el lenguaje popular si
queremos que el Evangelio sea recibido como Buena Noticia.
En esta realidad cada vez más deshumanizada debemos proponer con
valentía y creatividad a Jesucristo como el modelo perfecto del ser
hombre. Pidamos que el Espíritu Santo venga en nuestra ayuda y nos
comprometamos a volcar todos nuestros dones en la tarea misionera.
¡Que María, mujer plena del Espíritu Santo, sea nuestro Socorro
Perpetuo!
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P. Ramón Correa CSsR
Superior Provincial
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