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El año pasado me reencontré con el Padre
Ramón, necesitaba alguien que me acerque más a Dios, a su
Divina Misericordia, su inmenso Amor. Sorpresa mía, el Señor
conocía lo que yo buscaba y necesitaba, Él como que fue
preparándolo todo. Es así que el P. Ramón, después de varios
encuentros sanadores, me dijo: Graciela te invito a una
misión, te va hacer mucho bien. Sentí una gran alegría,
sentí la oportunidad de que la estrella de los reyes me
ayudara a encontrar a Dios en mi prójimo, en las pequeñas y
humildes cosas de la vida.
¡Y qué hermosura, nunca sentí tanto Amor! Confieso que al
principio sentía cierto miedo, no sé…, algo raro. No estaba
acostumbrada a tanto AMOR, cariño, atenciones, ya que mi
vida últimamente se había convertido en algo fría, vacía,
confusa; veía la luz pero me parecía jamás alcanzarla… tan
lejos. En mi interior una voz me decía: déjate amar, permite
todo lo que quiero ofrecerte, abre tu corazón.
Y así fue, poco a poco, como decía el lema de la misión: DE
LA MANO DE MARÍA ENCONTRABA DE NUEVO A DIOS EN MI VIDA. ÉL
NUNCA NOS DEJA, SOMOS NOSOTROS ARRASTRADOS POR UNA SOCIEDAD
TRISTEMENTE ENCEGUECIDA, SORDA Y MUDA QUE NOS ALEJA DE LAS
PEQUEÑAS GRANDES COSAS.
Doy gracias a Dios por permitirme nuevamente recoger los
frutos buenos en mí, y colocarlos en el árbol de mi vida, a
la que Él me llamó, de hacerme hija digna de Él, a pesar de
mis miserias. Doy gracias de poder aceptar a mi familia y
por habérmela dado, y a la cual se la encomiendo. Le pido la
gracia del perdón día a día, de poder encontrarlo hasta en
la mirada más triste y tierna de un niño, en el hermoso
paisaje de su creación. Le doy gracias por prender la luz de
confiar un poquito más en mí, por creer en mí, y dejarme
esas ganas de poder revivir en Él, con Él, e invitarme a
seguir descubriendo el camino en la misión de mi vida, y
ayudar a otros a seguir en la misión de sus vidas.
Sólo el Amor sana toda herida, sólo el Amor sincero y puro
puede cambiar la vida, no mas negar a nadie una mirada de
amor y comprensión, no más negar un minuto de escucharlos,
no más encerrarnos en uno mismo, no más palabras
destructivas ni a uno mismo ni a los demás. TODOS SOMOS
HIJOS DE DIOS, podemos aprender a confiar en los demás por
medio de Dios."
Graciela Fernández
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Salta Capital.
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